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Resulta que estaba escribiendo sobre la gran ballena blanca y mi obsesiva persecución, de la que hablaré otro día, y me encuentro con esto. Albricias. Cuando menos lo esperaba, ahí está. La Prueba. O tal vez me estoy dejando llevar, y confundo gigantes con molinos. Me preocupa la posibilidad de que esté analizando un tema para el que ya tengo conclusión.

¿Cuál es el tema? El precio de haber convertido la educación en el País Vasco en un instrumento para la supervivencia de una lengua. Y tal vez no haya ningún coste, y si lo hay puede que sea nimio, eso es lo que habrá que demostrar.

Tengo la impresión, quizás sesgada, de que comunicarse de manera clara y precisa no es fácil, y de que es mucho más difícil cuando se hace en una lengua que no es la propia.

Aquí en el País Vasco se sigue diciendo que hay tres modelos de enseñanza, pero en la práctica son dos que tienden a uno. Otro día analizaremos las razones de este cambio, y si responden a una demanda real o no. Pero lo cierto es que prácticamente todos los alumnos estudian en euskera. Y muchos de ellos no tienen el euskera como lengua familiar. Y tal vez no haya ningún problema en que sea así. Es posible que los chavales se expresen con la misma competencia en su lengua familiar y en una lengua que están aprendiendo. Me cuesta creerlo, pero las creencias y las impresiones personales no sirven como argumento serio.

Y por eso, como los casos que conozco no son válidos aunque me puedan dar pistas, me he impuesto la tarea de comprobar la hipótesis. Poco éxito hasta el momento. Pero, como decía, me encuentro con un documento del ISEI-IVEI sobre la influencia de la lengua de la prueba en las evaluaciones internacionales. Aquí, insisto. El estudio se realiza sobre el Modelo D. Y se limita a las pruebas de evaluación externas, no al aprendizaje escolar en ese modelo.

Y eso es lo que me extraña. El informe concluye que cuando un alumno que tiene como lengua familiar el castellano ha de expresar su competencia lectora en otra lengua (euskera), obtiene un rendimiento significativamente inferior respecto a cuando lo hace en castellano. Concretamente, 27 puntos (PISA) menos, de 498 a 471. Pero no parece que se planteen las implicaciones de esa diferencia de rendimiento en el proceso de aprendizaje de un alumno con el castellano como lengua familiar que estudia en euskera. Es decir, si la realización de la prueba en un idioma que no es el familiar hace que su puntuación baje 27 puntos, ¿no ocurrirá algo parecido en todas las pruebas, y no sólo en las de evaluación externa?

lenguapisa

Los alumnos de modelo D que no tienen el euskera como lengua familiar, ¿no estarán rindiendo por debajo de lo que podrían rendir si estudiasen en modelo A? ¿Y qué sucede con los que estudian en B, cuya exposición al euskera es aún menor?

El alumnado castellanoparlante del modelo D obtiene una puntuación significativamente más alta cuando realiza la prueba en castellano. Es decir, teniendo en cuenta los resultados del primer día, este alumnado muestra mejor su competencia en esta situación que cuando el segundo día tiene que responder a las pruebas en la lengua de aprendizaje (su L2).

De momento es sólo una aproximación, y puede que me esté dejando algo o que esté interpretando los datos erróneamente.

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